Conviene conocer las palabras,
frecuentar a las sílabas, subirse
a la espina dorsal de las vocales,
abrazarse a los párrafos, sorberlos
con un frontal sentido y coronarse
con la tinta hechizada de la letra
cuando todo está dentro de los huesos,
y la meditación abre la octava
dimensión de las cosas y los seres,
con una virgen actitus que pocos
distinguen en la noche. Sí, conviene
habituarse. Bien sé que no es tan fácil;
que la palabra se adelgaza y huye
y la sílaba escapa en compañía
de veloces vocablos; que los párrafos
se atropellan y saltan disparando
como negrs gacelas aterradas
por el conocimiento. Pero es bueno
hacerlo aún en medio del combate,
cuando la muerte y la belleza miden
lo que en principio ya midió el poeta:
la eternidad, los límites de un ala,
esto que se nos va con los papeles.
Roberto Themis Speroni
1964
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